Medio siglo de vida y poco más. 56 años
de vida tiene
la mejor liga del mundo. Se podría reducir el apelativo
al mundo del baloncesto, pero
sería injusto: es la mejor liga deportiva
del planeta.
Ninguna otra alcanza
tamaña dimensión,
ninguna otra llega hasta el
último rincón. De un lado
masas
ingentes apasionadas de un deporte-espectáculo y de otro,
figuras
mediáticas que se hinchan a ganar dinero con su
facilidad para
ver aro.
Las
megaestrellas se alimentan ahora de
un pasado andado por aquellos que en su tiempo convirtieron para siempre
la NBA en
un punto de referencia en la historia del deporte profesional.
Una iniciativa que
56 años después se extiende
fuera de los Estados Unidos como
la famosa etiqueta de made in USA.
Prueben a dar la vuelta a la cifra de años de vida de esta liga y obtendrán
el número de jugadores con
pasaporte de fuera de los
States,
algo
ni imaginable en los albores de la NBA, cuando todavía tomaba
cuerpo y ni siquiera se atrevía a
desafiar a las grandes ligas asentadas.
Fue allá por 1946 cuando
el primer balón,
de color marrón cuero, era lanzado al aire bajo las iniciales
National
Basketball Association. Un pulso entre lo establecido y las ganas
de crear una liga más potente, con ciudades de
mayor representatividad
en el mercado. Junto con el marrón desgastado,
el blanco era el
color más que dominante en los primeros partidos.
Los afroamericanos
no tenían derecho a
comer en restaurantes o a pasar la noche en
hoteles de determinada categoría;
mucho menos a jugar a un deporte
profesional.
Philadelphia, con Warriors como sobrenombre
de su equipo, puede presumir de ser
la primera ciudad campeona de la
NBA. La no participación de los
Minneapolis Lakers, por entonces
encuadrados en
la ya establecida ABA, generó dudas sobre el triunfo
de los Warriors, que pese a todo pasarán a la historia para siempre.
Los
Lakers tardaron un par de años en dar el salto definitivo. Y con ellos
la primera
megaestrella de la NBA:
George Mikan, primer
gran dominador de la competición. Sus
gafas negras de pasta y sus
movimientos mecánicos, pero coordinados resultaban
inalcanzables
para unos rivales, carentes de conocimientos y centímetros para contenerle.
Su puesta en escena culminó con
dos campeonatos consecutivos, sólo
interrumpidos - caprichos del destino - por
los Rochester Royals,
antecesores de los
actuales Kings de Sacramento.
El año en que los Royals
pararon los pies a
los Lakers no podrá pasar desapercibido en la historia de este deporte.
Tres jugadores afroamericanos daban el primer y definitivo
paso
al profesionalismo. Con el rechazo de
compañeros, entrenadores
y espectadores dieron forma a la paridad de derechos de las razas,
en una sociedad que les impedía pasearse por calles de su propia ciudad.
Fueron
Earl Lloyd, Chuck Cooper, y Nat Clifton. Lloyd llevará siempre
consigo la etiqueta de primer negro en jugar para la NBA; Clifton, la
del primero en ser elegido en un
draft; y Cooper, la de primer
jugador negro que firmaba un contrato.
Tras el paréntesis, llegaría de nuevo
la tiranía
de los Lakers y el primer antecedente de
Three Peat -tres campeonatos
consecutivos- que conoce la historia. Fue la confirmación definitiva de
la entrada de Mikan en el gran
museo de la mitología de las cestas.
Su leyenda tardaría en ser alcanzada,
pero una vez conseguida, fue poco menos que
reventada. Los Lakers,
todavía en Minnesota, se enzarzaban en una histórica batalla de egos con
los Celtics de Boston. El entrenador
Red Auerbach iba a empezar
su
colección de anillos en el 57, tras un periodo de inestabilidad
y sin un equipo capaz de poner el collar a su equipo. El orgullo irlandés
le cogió
gusto al sabor de la victoria y en el 58 dio un poso atrás
para tomar impulso. Su receso se tornó monumental, pues contestaron con
una dictadura de ocho años de duración. Mikan había abierto el
camino hacia el estrellato, y
detrás apareció Bill Russell. Junto
a él, otro grande como
Bob Cousy o el que años después sería el
último entrenador de éxito de los irlandeses:
KC Jones.
Desde el 59 hasta el 66,
todo teñido de verde,
salvo honrosas excepciones que alimentaban cierta esperanza en sus detractores.
Wilt Chamberlain empezaba a
reclamar su sitio y sus encontronazos
con Russell solían
llenar portadas de periódicos. No era para menos,
el máximo dominador de la liga topaba con un tipo capaz de hacer
100
puntos en un partido (2 de marzo de 1962 con la camiseta de los Warriors
de Filadelfia ante los New York Knicks).

Él fue el único capaz de poner freno al
monopolio
de anillos verdes. Tras siete años de fáciles pronósticos,
Philadelphia
volvió a poner su nombre en el
mapa de las cestas, como intervalo
a
dos nuevos campeonatos de los Celtics, que por cierto, ya empezaban
a guerrear directamente con
los nuevos Lakers californianos.
La
Fiebre Amarilla se pasa
una década
sin títulos, en una época desesperante de hasta
siete subcampeonatos.
Su primer anillo a la orilla de las playas de LA llega en el 72 y de nuevo
con
un apellido recurrente: Wilt Chamberlain. No estaba sólo, junto
a él aparecen
el hombre del logotipo de la liga, y ahora jefe de
Pau Gasol,
Jerry West, o Elgin Baylor.
La década de los 70 se presenta como la única
de
máxima igualdad. Los grandes jugadores
empiezan a envejecer,
pero no por ello dejan de salirse de los pronósticos.
Nadie daba un
duro por los derrumbados Celtics de Russell, pero el orgullo verde
fue
capaz de renacer para lograr dos anillos más en los años 74
y 76. Russell fue pieza clave, no más que otro ilustre como
Havlicek,
en la victoria final sobre
los Bucks de Kareem Abdul-Jabbar.
Fueron unos años de justicia deportiva en los
que a falta de un gran sheriff todos los grandes nombres pujaron por el
anillo. Los Knicks hicieron dos con Frazier y Monroe, los Blazers lo consiguieron
con Bill Walton, y Golden State con Rick Barry y sus particulares lanzamientos
de tiro libre a cuchara.

Antes
de dar la bienvenida a la década de los 80, la NBA estaba sumida en
una
crisis sin proporciones.
Magic Johnson, en su primer
año como profesional, coge
las riendas de la tradición oro y púrpura
y se une a
Abdul-Jabbar para advertir de los rivales de
sus
ambiciosas intenciones. Resultado: campeón en su año rookie, supliendo
a Kareem como pívot en el partido decisivo, credenciales suficientes para
ser elegido
mvp de la final.
El anillo del 80 y las expectativas
angelinas tuvieron
la mayor respuesta de la historia de las cestas.
Larry
Bird, otro de la generación novata del 80, se hizo pronto con
los
mandos los Celtics y empezó la época de
las nuevas tecnologías
y el boom de la comunicación, su batalla de impresión contra
los Lakers.
Ambos dieron cuerpo a la modernidad de la NBA. Una
nueva
dimensión de la vida llevada a la competición deportiva en
la que coincidían
dos modelos sociales divisores de la vida estadounidense.
En los diez años poesterioes,
ambos monopolizaron
la liga y la información que ella escupía por todo el mundo con siete
títulos (cuatro para Lakers y tres para Celtics). Sus errores fueron
aprovechados
con prestancia por otros tipos que también merecían la gloria.
Los
Sixers del Dr J o los Pistons de Isiah Thomas supieron esperar su
momento y acabaron con el premio del anillo
. Detroit construyó a base
de dureza y determinación el puente perfecto, el que separó la primera
gran generación de baloncesto moderno moderno con la segunda.
Sus dos
anillos llenaron el tránsito de los 80 a los 90, de Bird-Johnson a
Jordan. Transcurrió el tiempo necesario para que el aficionado
no llegase
a aburrirse de héroes anteriores, antes justo de
dar la bienvenida
a los nuevos.
Michael Jordan, el nuevo y definitivo rey
midas, confirmó los mejores augurios con
tres anillos del tirón,
y se aprovechó de las bases de mercado baloncestístico que crearon con
éxito sus antecesores. Su figura se extendió por todo el planeta en
la
primera ofensiva seria globalizar el juego. Tres anillos y la muerte
de su padre le agotaron. Como criterio recurrente una vez más,
su vacío
sirvió para hacer justicia al mejor juego de pies de la liga en aquel
entonces,
Hakeem Olajuwon, que sumó dos campeonatos de la mano
de los Houston Rockets.
Air se cansó del béisbol y volvió
para ganar otros tres anillos antes de volver a colgar las botas.
Su
segunda regresión dejó a la liga tiritando, tanto como los contratos
mareantes que empezaron a exigir las grandes estrellas y que
paralizaron
la actividad por primera vez en la historia. Fue en 1998 en un
atasco
total de posiciones entre equipos y jugadores que
se resolvió por cansancio
y que redujo a 50 partidos la temporada regular.
El campeón con asterisco,
como diría Phil Jackson, fueron
los Spurs de Tim Duncan, que se
dieron la
fiesta en la capital del mundo, ante unos Knicks por
encima de sus posibilidades.
Era el reconocimiento para el poste que está llamado a
controlar el futuro
de la Liga, pero al que aún le queda mucho camino por recorrer y un tiempo por
esperar. Tanto como tres años. Los mismos en los que los
Lakers volvían a recobrar
el crédito y la magia de su
Showtime.
Hollywood volvió a teñirse de
Oro y Púrpura de la mano de Phil Jackson,
el gran salto diferencial entre un puñado de egos enfrentados y un equipo.
Su ‘triángulo ofensivo’ volvió a producir tres anillos del tirón. No fue nada
sencillo, hubo que
hacer amigos necesarios a la pareja mágica, O’Neal y Bryant,
y encomendarse al pleno empleo de la palabra ‘conjunto’.
Tres títulos de campeones del mundo y la ilusión de la dinastía, que no pudo ir
más allá. La desidia, el tedio y un ritmo de evolución inferior al del resto de
equipos, propició
la primera gran derrota de Phil Jackson en muchos años
de playoffs. Además, todo escrito con el macabro guión del que busca la venganza.
Los Spurs, los mismos que ganaron antes con el asterisco,
ahora se resarcían
fríamente, cortando de raíz las ganas tardías de los angelinos.
San Antonio
lograba su segundo anillo con el sabor de la perfecta despedida de su gran
‘Almirante’ David Robinson.
| AÑO |
CAMPEÓN |
SUBCAMPEÓN |
| 2003 |
San Antonio |
New Jersey |
| 2002 |
LA Lakers |
New Jersey |
| 2001 |
LA Lakers |
Philadelphia |
| 2000 |
LA Lakers |
Indiana |
| 1999 |
San Antonio |
New York |
| 1998 |
Chicago |
Utah |
| 1997 |
Chicago |
Utah |
| 1996 |
Chicago |
Seattle |
| 1995 |
Houston |
Orlando |
| 1994 |
Houston |
New York |
| 1993 |
Chicago |
Phoenix |
| 1992 |
Chicago |
Portland |
| 1991 |
Chicago |
LA Lakers |
| 1990 |
Detroit |
Portland |
| 1989 |
Detroit |
LA Lakers |
| 1988 |
LA Lakers |
Detroit |
| 1987 |
LA Lakers |
Boston |
| 1986 |
Boston |
Houston |
| 1985 |
LA Lakers |
Boston |
| 1984 |
Boston |
LA Lakers |
| 1983 |
Phuladelphia |
LA Lakers |
| 1982 |
LA Lakers |
Philadelphia |
| 1981 |
Boston |
Houston |
| 1980 |
LA Lakers |
Philadelphia |
| 1979 |
Seattle |
Washington |
| 1978 |
Washington |
Seattle |
| 1977 |
Portland |
Philadelphia |
| 1976 |
Boston |
Phoenix |
| 1975 |
Golden State |
Washington |
| 1974 |
Boston |
Milwaukee |
| 1973 |
New York |
LA Lakers |
| 1972 |
LA Lakers |
New York |
| 1971 |
Milwaukee |
Baltimore |
| 1970 |
New York |
LA Lakers |
| 1969 |
Boston |
LA Lakers |
| 1968 |
Boston |
LA Lakers |
| 1967 |
Philadelphia |
San Francisco |
| 1966 |
Boston |
LA Lakers |
| 1965 |
Boston |
LA Lakers |
| 1964 |
Boston |
San Francisco |
| 1963 |
Boston |
LA Lakers |
| 1962 |
Boston |
LA Lakers |
| 1961 |
Boston |
St Louis |
| 1960 |
Boston |
St Louis |
| 1959 |
Boston |
Minneapolis Lakers |
| 1958 |
St Louis |
Boston |
| 1957 |
Boston |
St Louis |
| 1956 |
Philadelphia |
Fort Wayne |
| 1955 |
Syracuse |
Fort Wayne |
| 1954 |
Minneapolis |
Syracuse |
| 1953 |
Minneapolis |
New York |
| 1952 |
Minneapolis |
New York |
| 1951 |
Rochester |
New York |
| 1950 |
Minneapolis |
Syracuse |
| 1949 |
Minneapolis |
Washington |
| 1948 |
Baltimore |
Philadelphia |
| 1947 |
Philadelphia |
Chicago |