Miércoles 9 de febrero de 2005
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Las cosas en su sitio. Shaq y sus Heat demasiado aún para los Cavs

Es cuestión de tiempo, de menos del que nos podríamos imaginar al ritmo que marchan las cosas. Shaquille O'Neal demostró que con él en cancha y enchufado al partido, sus Heat pueden ganar a cualquiera. Más que nada, porque nadie, repetimos nadie, puede contener al gigante ni incidir en un partido en la medida que él lo hace. LeBron lo intentó, pero desde la época de Michael Jordan nadie ha dominado desde las alas. Él lo hará, pero todavía es tiempo de Shaq.

4 de febrero. plus.es

Es la ley de este deporte. La altura. Mientras Shaq sea Shaq y pueda seguir moviendo sus kilos a la velocidad de la luz, señores y señoras, aquí no hay nadie más que mande.

Por mucho que LeBron James nos invite a pensar que pronto será él quien lo haga; que a Tim Duncan le basten 19 minutos para hacer 17 puntos; o que los aficionados hagan de Yao Ming el jugador más votado para el All-Star, el sheriff sigue siendo el jugador más desequilibrante de la competición.

Quedó claro anoche. O'Neal marcó el devenir del partido de principio a fin. Su presencia en cancha fue determinante para que los Heat demostraran por qué son los líderes del Este y por qué está dentro de sus posibilidades desafiar a las fuerzas del Oeste.

Miami es una máquina de jugar con Shaq en pista. No hay quien le pueda rezagar en ataque, y en defensa, pese a que se limite a estirar los brazos, se hace muy complicado evitarle. Lo malo para los rivales ya no es lo que produce por si mismo -26 puntos y 11 rebotes, en 33 minutos-, sino lo que crea para los demás.

Eddie Jones pasa de ser un alero con más dudas que certezas a un fino tirador con el Perro Grande de por medio; Dwyane Wade deja de ser un jugador de segundo año para andar en los caminos de las estrellas. Y claro, sus rivales acaban claudicando hartos de ver como hacen agua por todos los sitios.

Ayer, LeBron lo pudo comprobar. Vio como sus 31 puntazos y 10 asistencias se quedaban en nada. Sólo fueron rentables con Shaq en el banco, porque de verdad contraían el marcador. Pero cuando éste volvía todo cambiaba.

El ejemplo vivo fue el tiempo a caballo entre el tercer y el último periodo, cuando la docena de puntos con la que Shaq dejaba a los suyos al cometer la cuarta falta, quedaba reducida a uno. Volvió, se recuperó la decena de ventaja y se acabó el partido.


El gran susto de Duncan

El otro gran partido de la noche llevaba a los Spurs a una de sus particulares cámaras de tortura, el Staples Center. Lo que pasa, es que las cosas no son lo que eran, y que sin Shaq de por medio, Phil Jackson en la memoria presente y Kobe en el banco viéndolas venir, nada es lo mismo.

Por eso, y por las ganas que los Spurs le tienen al Oro y al Púrpura, no dudaron en desangrar a los Lakers. De hecho, les hicieron hasta el feo de relajarse y morderse las uñas después de tirar 28 puntos de ventaja en el último cuarto, tras encajar un parcial de 23-2.

Más miedo que la reacción de los Lakers les dio la rodilla de Tim Duncan. Tras un choque fortuito contra Caron Butler a ocho minutos del descanso, se echó con evidente síntomas de dolor las manos a la rodilla. Tembló Texas, por un instante, pero acabó volviendo.
De hecho, tras el descanso, salió para dejar las cosas en su sitio. En otros ocho minutos acabó de firmar sus 17 puntos y dejó el partido con las diferencias inalcanzables para los rivales.

De todos modos, TD no fue el nombre de la noche. Se sigue hablando de Phil Jackson, tanto que hasta el actual entrenador, Frank Hamblen sigue diciendo que espera estar calentando la silla para su regreso. Pero nadie sabe nada... bueno, nadie, excepto Shaq, que se destapó ayer diciendo que sabe qué va a pasar, pero que se lo calla.

 
 

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