Fue anoche, no se alargó más. Rudy Tomjanovic dio una emocionante rueda de prensa en la que dio todo tipo de explicaciones para su salida de los Lakers. No pudo con el nivel físico y psíquico que exige cada día la alta competición; cree que volvió demasiado pronto a las canchas tras su cáncer de próstata y asegura que no volverá a entrenar. De todos modos, su salida al igual que su estancia y su llegada siguen marcadas por la sombra de Phil Jackson.
3 de febrero. plus.es
En un segundo plano, como llegó y como estuvo, Rudy Tomjanovic deja LA. Vale perfectamente eso de la más pena que gloria, porque ciertamente sus palabras fueron preocupantes por la situación que vive.
"Me precipité a la hora de volver a los banquillos, debería haber esperado más", una de las frases concluyentes, en relación a su salida forzada del banco de los Rockets en 2003 por un cáncer de próstata.
Pese a que su retiro no está directamente relacionado con la enfermedad, sí es cierto que los problemas que achaca se devienen de ella: "He empezado, poco a poco, a sentir como mi energía desaparecía, como mi resistencia se agotaba con el paso de los partidos".
Habla a nivel físico y psíquico, pues su falta de motivación y fuerzas para encarar cada día le llevó a contactar con un doctor. Llegó la hora de los antidepresivos, pero no hacían nada y hubo que pasar a otros más fuertes, que tuvo que dejar de tomar por su carácter adictivo. Eso, un tipo que en el año 1998 reconoció estar enganchado al alcohol.
La verdad es que nada ha sido especialmente sencillo para RudyT. Sus jugadores tampoco han sido de gran ayuda, y ni mucho menos la atmósfera creada en una franquicia a la deriva desde que dejaron a Kobe Bryant como jefe del rebaño.
El declive de los Lakers
Los Lakers no caen simpáticos fuera de LA por tradición, y mucho menos ahora que se deshacen de caras afables y rentables como Shaq y Phil Jackson. Kobe se queda como apóstol del nuevo movimiento 'Oro y Púrpura', pero su prepotencia hace que su más mínimo paso en falso -por desgracia, más que recurrentes- desate una oleada de ataques al cuello.
Tomjanovic ha estado en el medio de todo y también ha sido víctima de los caprichos de su estrella. Pese a que sólo salen buenas palabras de su boca, Kobe le ha obligado a cambiar. No estaba a gusto con el esquema ofensivo y se reunió con él para intentar cambiarlo.
Kobe es ya de por sí bastante completito para dar problemas, pero escondía los pensamientos de una plantilla entera. Sus métodos se creían pasados de moda, no estaban muy de acuerdo con un ataque nada consistente con demasiados triples y además, en la franquicia molestaba el hecho de que con toda la temporada para experimentar, los más jóvenes no recibiesen minutos significativos.
Pese a todo, con media temporada jugada, y el goteo constante de problemas, los Lakers manejaban records positivos, que en este momento se mantienen 24-19.
El problema es que los viajes, las presiones, la prensa y los cuidados que minan la salud de cualquiera -desde que se trató del cáncer su dieta se ha visto reducida a frutas, verduras y pocas grasas- acabaron con su reserva.
El primer día de ausencia lo achacó a la fiebre, llamó a los médicos y a la dirección para decir que no podría ir. El segundo, el domingo, llamó para decir que no era fiebre, que se le estaba yendo la salud y que ya no podía más con el timón.
Nadie se ha encargado de pararle los pies, de decirle que le diera más vueltas. Nadie, que al fin y al cabo son los mismos que le dejaron de segundo o tercer plato antes de darle la oportunidad, los mismos que echaron a Phil Jackson y los mismos que rápidamente quieren recuperarle, sin pensar en que tratan con personas, no con mercancías.
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