Es de lejos el banquillo más caliente de todo el deporte profesional de los Estados Unidos. Pero más lo parece por la presión de la prensa que por lo que se le pueda estar pasando por la cabeza de Isiah Thomas. Lenny Wilkens no se preocupa, sigue a lo suyo y recibe el apoyo de sus jugadores. Las lesiones son la excusa, pero la paciencia en la capital del mundo tiene un límite más pequeño que en cualquier otro sitio. Todo el mundo ve a Wilkens fuera menos su jefe.
19 de enero. plus.es por José Ajero
Es el entrenador con más victorias, casi 1300, tiene 67 años -sólo tres más que Larry Brown-, pero de puertas para fuera ha perdido buena parte del respeto que otrora tuviera en esta profesión.
Lenny Wilkens se ha convertido en el nombre propio en los últimos días en la Gran Manzana, más incluso que su jefe, todo un fan de los focos y las cámaras. Su equipo se arrastra con más que gloria por las canchas de la NBA. El término 'arrastrar' puede sonar un poco duro, pero es de recibo para un equipo que gasta más del doble de lo que marca el límite salarial con 103 millones de inversión inútil.
Pese a todo, sus años en el banco y su concepción antigua del saber estar en él, le mantienen sereno. No es New York el sitio más sencillo para jugar al basket profesional y menos para ser técnico.
Tuvo como tregua el final de la pasada campaña, pero en ésta ya le han llovido los palos desde todos los sitios, menos desde donde deben, los Knicks. Isiah Thomas no le respalda ni da por hecho su continuidad, porque sabe que es el primer paso para el despido.
Prefiere aguantar y pensar que una vez que todas las piezas estén sanas, el equipo llegará a sus niveles... para ganar un poco más que la mitad de los partidos jugados. Sólo pide que los desastres como el de Dallas en casa, con 70 puntos encajados en la primera mitad o palizones como el de Cleveland, con todo el país viéndolo no se repitan. Si no, tendrá que ejecutar a Wilkens.
Los hilos que mueve Thomas
Pero... ¿Qué es lo que puede hacer que se mantenga en el cargo, con tanta pluma y labio apuntándole? Siendo bien pensados buscamos el apoyo de los jugadores, las excusas de las lesiones y el pedigrí de un tipo criado en Brooklyn y que ama la Gran Manzana.
Si queremos ser mal pensados, nos basta con ver a Isiah en acción en el Madison. Se ve los partidos de pie, en el túnel de vestuarios -lo mismo que su odiado Larry Bird- en un tétrico ángulo que le sitúa por encima del hombro de su técnico. El gesto es rebuscado, pero una vez que se encuentra se antoja revelador.
Además, a Wilkens, por educación técnica, le repelen las cámaras, los focos y las palabras, lo que a Thomas le vuelve loco. Cada vez que hay que hablar de algo, el elegido es el presidente y no el entrenador.
Wilkens que habla lo justo y necesario con la prensa, tampoco está para decir nada cuando Isiah se planta en el vestuario para echarles broncas a los suyos tras un mal partido, con el descrédito que esto supone para cualquier técnico. Por último, se ha dejado quitar todos sus ayudantes de alrededor y la pléyade que le acompaña en cada partido es 'Made in Thomas'.
Así las cosas, nada apunta que salvo otra hecatombe el banquillo de los Knicks pueda sufrir leve mejora. No en vano, al que tiene que hacer los cambios le gusta el estado de las cosas y al fin y al cabo es lo que importa.
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