
Ya ha sido bautizado como el peor de los episodios de la historia de la NBA. Un oscuro, terrible y penoso final para un apasionante partido. Los Pacers, encabezados por Ron Artest, se lanzaron a la grada para responder al lanzamiento de objetos al que estaban siendo sometidos. Puñetazos y empujones de todos los colores, la policía no descarta detenciones y la Liga tendrá que decidir sobre cómo y contra quién actuar.
20 de noviembre. plus.es por José Ajero
46 segundos para que la bocina del Palacio de Auburn Hills estallase para marcar el final del partido. Falta dura, como de costumbre, de Ron Artest a Ben Wallace con el partido ya resuelto a favor de los visitantes.
Wallace, visiblemente afectado por el marcador y la dureza de la falta, se revuelve busca a Ron Ron y de un empujón a la altura del cuello, le lanza al suelo. Empujones, más empujones y pacificadores en la tángana para que la cosa no vaya a más.
La cosa se tranquiliza, Artest se tumba en la mesa de anotadores, tranquilo, descansando, ajeno a lo que sucede en la cancha, cuando de la grada, de las primeras filas, le llueve un vaso de plástico repleto de líquido. Dos agresiones fueron demasiado para la sangre ardiente de Ron Ron, y ni corto ni perezoso, se levantó y como un rayo se lanzó hacia su agresor.
Se lío a mamporros con él y con los de alrededor. Claramente en desventaja, y empezando a recibir más que a repartir, recibió la ayuda de otros compañeros, en especial, Jermaine O'Neal y Stephen Jackson, que se lían a golpes como Artest.
Una vez que se han repartido de lo lindo y se han separado, la historia continúa en la cancha. Los fans de los Pistons, los de la primera fila, siguieron insultando, y Ron Ron, en una de las imágenes más nítidas, tumba de un derechazo en plena cancha a su agresor verbal.
El cirio se pueden imaginar que fue monumental, de vergüenza. Y más cuando a la salida de la cancha de los Pacers, nadie es capaz de impedir que los aficionados tirasen hasta una silla a los jugadores. Un lluvia de objetos, que créanlo está a la altura de los mismísimos hooligans europeos.
Para todos queda el deshonor y el feo a este deporte. Pero tiene que quedar claro que la cosa no debe reducirse sólo a los Pacers. Su reacción fue desmedida, increíble para estos tiempos, y pagarán cara su acción. Aún así, no hay que olvidar el empujón de Wallace, ni la lluvia de objetos encima de Artest -¿dónde estaba la seguridad?
La NBA aún no ha dicho nada, no ha abierto la boca, pero lo hará. Mandará pagar a los jugadores unas sanciones inauditas, y más en el caso de Ron Ron que es un declarado reincidente. Pero quizás, tendría que pensar hasta dónde podría haber llegado esto.
¿Por qué en un país en el que está prohibido beber alcohol en la calle se venden todo tipo de bebidas en los pabellones? ¿Por qué la seguridad está más para la prensa que para la grada? ¿Y por qué, pese a la imagen, estarán frotándose las manos por las próximas audiencias que se avecinan?
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