Miércoles 9 de febrero de 2005
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Solo contra el mundo. Sebastian Telfair se cuela en lo más alto del Draft pese a los pronósticos

No fue invitado a la ceremonia, que para más vueltas se celebraba unos cuantos pisos más debajo del parqué donde ha ganado todo. Bassy, primo de Steph Marbury, ha sido uno de los ganadores de la lotería del Draft. Pronosticado para estar en las últimas posiciones de la primera ronda, los Blazers le eligieron en el número 13. Un lugar inesperado, y para muchos desmesurado, pues tras una exitosa carrera hay más dudas que certezas sobre su juego.

24 de junio. plus.es

Tres pisos más abajo, en el mismo edificio, de donde Sebastian Telfair, base de 178 centímetros, ganó tres campeonatos de Instituto de la ciudad de Nueva York, David Stern daba uno por uno los 29 nombres de los elegidos en primera ronda.

A la mitad, sin esperarlo, los fans alojados en el teatro del Madison Square Garden, empezaron a chillar de esa manera que ellos sólo saben hacer. No habían elegido los Knicks, ni andaba por medio el ex presidente Scott Layden, que va. El Comisionado daba en el número 13 a la cara más conocida en este evento en la Gran Manzana, Telfair.

Toda una leyenda de instituto, el Abraham Lincolm, nacido en una de las zonas más marginales de Brooklyn, Coney Island, y primo -aunque no se hablen- de Steph Marbury. Muy pocos pudieron ver su reacción, su agente, un amigo y él. No le invitaron a la moqueta verde de la ceremonia y tuvo que estar a unos cuantos metros, en la superficie, en un hotel de Manhattan.

Una habitación que reflejaba la extraña mezcla de sensaciones que ha tenido que atravesar el jugador del que no se ha oído una buena palabra desde que le dio por decir que se presentaba al Draft, que pasaba de la universidad.

Pequeño, no preparado, sin buena mano, sin una buena organización del equipo... piensen en todos los defectos de un base y añádanle la edad de 18 años. Un palo en forma de críticas que contrastan con una vida de halagos y regalo de oídos. Nadie daba un duro por él.

Nadie, excepto los Blazers y la marca deportiva Adidas. Portland echó el resto, y negando intereses comerciales, se la jugó en el número 13. Tenían miedo de quedarse sin él, por eso en los días previos se movieron para conseguirlo.

Lo de Adidas fue anterior. Sabe que a estas alturas del juego el meter canastas va ligado a las leyendas urbanas, y Bassy tiene cuento para rato. A principios de primavera le firmaron un contrato de dos millones al año por media docena de temporadas. Con el futuro resuelto, los Blazers le deben firmar por contrato 4,2 millones de dólares durante las tres próximas campañas. Un bombazo para el jugador más discutido.

Este respaldo económico, dio a Telfair las fuerzas para contestar. Empapado en el champán que llevaron sus padres, se atrevió a desafiar a la NBA que no le invitó a su fiesta en su propia casa. De cualquier modo, tuvo la suya. Salió del hotel y se metió en el club del rapero Jay Z, que le montó un homenaje privado con amigos y allegados -no estaba Starbury, claro-, con mogollón en la puerta esperando al nuevo ídolo.

Ahora, Bassy, lejos de cegarse en el odio de todos los que le negaron el valor de su juego, tendrá que seguir mejorando, contestar con su juego. Maestros no le van a faltar, y eso que de la lista hay que sacar al que debería ser su guía Damon Stoudamire. No por nada en especial, sino porque entre primos y hermanos que han jugado a esto, tiene que tener la cabeza llena de recomendaciones justas y necesarias.

Y además, si no le basta con la familia, es bueno tener padrinos como Kenny Anderson, como no, invitado a la fiesta que marcó el paso de Bassy de adolescente a hombre.

 
 

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