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16 de noviembre. plus.es
La esperanza es lo último que se pierde. Lo tienen bien claro en Nueva Orleáns, donde la marcha de su equipo profesional de basket no es la mejor del mundo, ni ahora ni en un futuro cercano.
Sus Hornets son el único equipo junto a los Bulls que aún no sabe lo que es ganar un partido. Lo peor es que a la vista del calendario y del nivel de actividad de la enfermería la cosa no está ni mucho menos para tirar cohetes.
Lo último que llega de esta coqueta ciudad es que su mejor jugador, Baron Davis, será baja para, como poco, las dos próximas semanas. Todo un notición que deja a los Hornets sin sus dos jugadores exteriores All-Star, una vez que se confirmó que Jamall Mashburn sería baja toda la temporada.
La lesión de 'Too Easy' Davis, no es más que una nueva marca en el desencanto generalizado que genera el equipo en su ciudad y en la Liga. Desde luego, no da muchas esperanzas para enmendar la situación actual que el tipo que promedia 24,6 puntos por partido no vaya a estar durante 15 días.
Tampoco lo es que el mejor refuerzo del verano, el trotamundos Rodney Rogers, vaya a estar sin jugar casi dos meses y que tus rivales más comunes sean Dallas, Houston, San Antonio y Memphis. De momento, en esta semana tendrán que vérselas sin victorias y sin Davis contra los remozados Suns y los temibles TWolves.
Byron Scott, seguro de sus posibilidades
Pese a todo, entrenador y jugadores mantienen la esperanza, cosa que los aficionados no. Byron Scott, el recién llegado está convencido de la mejora paulatina de los suyos, por lo visto en los últimos duelos. De hecho, se defiende amparándose en que dos de los seis partidos los ha perdido por un punto; otro por una mala decisión en la última posesión y que la peor derrota encajada es de 15 puntos ante Dallas.
Quizás, si la botella se mira desde este lado la cosa puede ser comprensible. Aún así, si se da la vuelta a la tortilla, vemos que las seis derrotas llegan con cuatro partidos en casa y ante equipos a los que se debe ganar como Lakers, Atlanta, Orlando o Milwaukee.
El aval único que hace creíble y sostenible la situación actual de los Hornets es el currículum de Scott. Su primer año en los Nets, antes de conseguir que su equipo jugase dos finales de la NBA y lograse tres títulos de la División Atlántica, apenas fue capaz de lograr 24 victorias.
Por eso, él pide tiempo, y sus jugadores le respaldan. Al menos un buen tipo como Darrell Armstrong, que apoya su esperanza en la paulatina mejora del equipo, con respecto al primer partido.
Por si el enfermo no mejora la cara, los despachos de los Hornets andan trabajando a destajo. Buscan un intercambio o un fichaje para el juego interior, que pueda dar descanso a Jamall Magloire y a PJ Brown, una vez que David Andersen es el único recambio de garantías.
De momento, esto es lo único de lo que se habla, pero de seguir las cosas como están no deberíamos descartar próximos rumores que vayan desde precio a la cabeza de Baron Davis -que ya solicitó traspaso este verano- hasta que Scott no se coma el turrón. Aunque claro, queda por ver quién estaría dispuesto a enfrentarse a semejante situación en la bonita Nueva Orleáns.
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