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25 de junio. plus.es
Se cabreó y mucho con la prensa de allí. Le presentaban como un orador, un extremista al que le subían en un púlpito a predicar la palabra de Dios. No es un fanático, se harta de repetirlo, pero lo cierto es que cuesta leerle u oírle sin que aparezca la palabra Jesús.
Su objetivo es llevar la palabra de Jesús allá donde vaya y esto incluye su otra pasión... el basket. De hecho, las cestas le van a servir para como medio para ello. Fue un simple comentario lo de incluir un crucifijo en el logo de Jerry West, pero lo cierto es que estas palabras han dado la vuelta al mundo.
El exceso de refugio en el cristianismo muestra un importante dato de fanatismo que le sirve, a la vez, para alcanzar una madurez desconocida para jugadores de su edad. Piensen en LeBron James y su espectacular físico, y ahora extrapólenlo a Howard y su cabeza, más desarrollada de lo que dice su partida de nacimiento.
Lo del nacimiento es un dato más que importante para intentar entender los deseos de este tipo. Entre su hermana mayor y él, hay dos parejas de gemelos y otro simple que no llegaron a la vida. Cada día, desde que llegó al mundo, su padre, también Dwight, le obligaba a dar gracias al cielo por simplemente haber nacido -son tres hermanos, otros siete murieron antes de ser dados a luz-.
Lo hace y lo agradece con una vida de reconocimiento a la palabra de Jesús, firmando un contrato de por vida basado en la gratitud y el proselitismo.
Libre de alcohol y drogas
Asegura que su deambular por la mejor liga del mundo en dinero, competitividad y tentaciones va a ser acorde a sus ideas. Se lo ha planteado así, y posiblemente así será. De las mujeres ni habla, pero se desentiende tajantemente de drogas y alcohol, presumiendo de no haber tomado ni una copa en su vida: "quiero que se me recuerde como el mejor jugador que nunca ha disputado este juego y no como uno que tiene el armario lleno de esqueletos y ha estado en la cárcel por drogas".
En su Atlanta natal, jugando para el Southwest Atlanta Christian Academy, debía cantar y rezar a la entrada y la salida de clase. Allí, aprendió a jugar al basket, a ponerse retos y tener las ideas claras.
Sabe de la fortuna de tener un hogar, no vivir en un gueto, pero no andar sobrado de dinero. Reconoce que es todo un privilegio tener padre y madre, pero que en muchos casos, ni la garantía de un hogar sirve para el desarrollo correcto de la personalidad.
Sigue la Biblia con los ojos cerrados, del mismo modo que en la calle recta donde vivía colocaba sillas y las esquivaba con una venda en la cara. Y es que de pequeño quería ser Magic Johnson y jugar de base. Está entrenado para ello, porque el estirón que le lleva a los 207 centímetros lo dio tardío.
Hace de todo en una cancha, le puede faltar cuerpo y edad, pero su cabeza, por la razón que sea, está más centrada que la del resto de mortales de su edad en un país como Estados Unidos, lo cual no es nada, pero nada común. Por eso, es el número uno y tras dar la mano a David Stern miró al cielo.
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