La crisis entre Estados Unidos y Corea del Norte amenaza con abrir otro "frente de inestabilidad". Washington cree que el dictador Kim Yong-il quiere aprovechar este momento para reforzar su arsenal con bombas atómicas, ahora que el presidente Bush está centrado en la cuestión del Irak. Yong-il buscaría esta ventaja militar sobre sus vecinos, para desviar la atención de la desastrosa situación económica y social a la que su régimen ha llevado al país.
En este reportaje entramos en el trasfondo de la crisis: el terrible contraste, en Corea del Norte, entre la propaganda oficial y la hambruna real.
CNN+. La pesadilla de una Corea del Norte con arsenal nuclear no resulta desconocida. Hace 10 años, el dictador Kim-il-Sung se había negado -al igual que su hijo ahora- al control internacional sobre su programa nuclear para fabricar bombas atómicas.
Una clara amenaza a Corea del Sur, y a las tropas norteamericanas estacionadas allí. Así, a finales de 1994, parecían inevitables un ataque preventivo sobre Corea del Norte, y una guerra sangrienta.
El presidente Clinton mandó preparar una operación para bombardear y eliminar la fábrica de plutonio en Yong-byon. La fábrica sólo se iba a salvar del ataque preventivo norteamericano, si el régimen congelase todo su programa nuclear.
Para persuadir a Kim-il-Sung, el ex presidente Jimmy Carter aceptó la misión de viajar allí: por sus dotes diplomáticas, y porque es experto nuclear de profesión.
Aquella difícil negociación con Kim-il-Sung fue uno de los temas que Jimmy Carter rememoró en una reciente entrevista con CNN por su proclamación como Nobel de la Paz 2002.
"Agradecí mucho recibir la respuesta de Kim, tras las reuniones, de que no habría guerra. Decidió reabrir contactos con Corea del Sur, y permitir la vuelta de los inspectores para controlar el plutonio que producía su viejo reactor de grafito", afirmó Carter en CNN.
"En mi visita llegamos al acuerdo -que después fue confirmado por el presidente Clinton- de que ellos cerrarían ese viejo reactor".
A cambio, los norteamericanos, surcoreanos, japoneses y europeos prometieron a Corea del Norte la construcción inmediata de dos reactores más modernos y más seguros, además de la entrega de suficiente petróleo para compensar la pérdida de producción eléctrica por vía nuclear.
No se han cumplido esas promesas. La construcción de esos dos reactores modernos lleva un retraso de cinco años. En parte porque con Bush ha cambiado la actitud de Washington, y en parte por los obstáculos puestos por los norcoreanos.
"Aparte del viejo reactor, tienen otro programa nuclear diferente. Es un sistema por centrifugado, muy lento, pero el uranio enriquecido que produce sí podría servir para fabricar bombas", señaló Carter. "De todos modos creo que no tienen bastante uranio enriquecido para eso. Pero no lo sé a ciencia cierta"
La esperanza de Carter es que "alguien pueda ir a Corea del Norte y cerrar un trato muy simple. Los elementos básicos ya están sobre la mesa. Que ellos cierren su nuevo programa nuclear y pongan todo lo que tengan en el país bajo control de los inspectores internacionales. Y que a cambio Washington les garantice oficialmente que no les atacará. Ésa es la base para un futuro acuerdo".
Pero en el gobierno de Bush hay quien considera que aquel acuerdo preparado por Carter y negociado por Madeleine Albright ya no sirve. Cumplirlo, exigiría que Washington volviera a enviar petróleo a Corea del Norte, además de darle garantías de seguridad.
No sirve, dicen, porque el régimen norcoreano ya se ha lanzado a toda velocidad a producir armas atómicas, y lo hará pase lo que pase.
Kim Yong-il, un gobernante extraño
Sobretodo creen que no sirve porque la mentalidad de Kim Yong-il impide un acuerdo viable. Sin embargo, hay división de opiniones sobre su verdadera personalidad. Kim es uno de los gobernantes más extraños del mundo; en eso coinciden todos los expertos. Su padre fundó un estado estalinista, y le preparó para el poder absoluto.
Mimado desde la cuna, a sus 61 años sigue viviendo en un palacio de placeres. "Desde niño le vienen diciendo que es hijo de un dios", señala Jerrold Post, ex analista CIA.
"Ha reclutado a jovencitas atractivas en las escuelas para servir en las llamadas 'brigadas del gozo' para dar placer y relajación a los esforzados colaboradores de su círculo íntimo", afirma Post.
Ordenó el secuestro de la actriz surcoreana Choi Un Huy, según consta en los archivos norteamericanos, fue a finales de los 70. Ella, más tarde, explicó su primer encuentro con Kim: un hombre rechoncho de poco más de metro y medio.
"Él le dijo: señora Choi, debe de ser toda una sorpresa para usted, descubrir que parezco una mierda de enano. Eso deja entrever mucha inseguridad personal y política", asegura Post.
Pero los negociadores norteamericanos, encabezados por Madeleine Albright, que en 2000 estuvieron reunidos con él durante 12 horas, dicen que Kim desde luego no es ningún loco.
"Es alguien con quien se puede hablar. No es un tipo que desvaría. Pero no hay que olvidar que no tiene escrúpulos; y es consciente de que su país está al borde del colapso económico", asegura Albright.
Kim llevó a Albright a un estadio para ver a cien mil personas ejecutar un baile disciplinado. "Me dijo que en realidad le habría gustado ser director de cine. Sabía mucho de cine y tenía claros favoritos para los Oscar. Del deporte, decía que le gusta Michael Jordan", recuerda Albright.
Dos millones de muertos por hambre
Pero también es un gobernante que ha permitido que el hambre exterminara a dos millones de personas en su país. Una de las razones por las que el presidente Bush le calificó de "deleznable", y cortó los contactos oficiales con Kim Yong-il. Pero según Albright, habría que reanudarlos.
"Dialogar no es aprobar. Creo que es esencial, hablar con un dirigente del que quieres lograr determinada actuación. Nosotros hemos hablado con Stalin y con Mao", Albright.
Y al igual que ellos, Kim Yong-il está decidido a gobernar mucho tiempo, en un país donde la nación entera actúa como una secta religiosa, basada en el culto al divinizado líder.
Pero los que le conocen, insisten que sería demasiado simple calificarle sólo de megalómano. Kim Yoon Kyu, representante de la empresa surcoreana Hyundai, la primera que empezó a hacer negocios con Corea del Norte, se ve frecuentemente con Kim Yong-il.
"Está al tanto. Sabe lo que pasa en el mundo. Conoce los problemas de su propio país, y los de sus vecinos", dice Kim Yoon Kyu.
La diplomática Wendy Sherman estuvo en larguísimas negociaciones con Kim Yong-il. "Es un hombre inteligente. Se informa, también vía CNN e Internet. Aún así, vive en un mundo muy aislado" afirma.
Y ése es el dilema de Kim Yong-il. Su nación está aislada, desde que el comunismo prácticamente ha desaparecido en los demás países, y está terriblemente empobrecida. Desde mediados de los 90, ha habido casi dos millones de muertes por hambre: es la lucha por la supervivencia.
A muchos, la hambruna les empuja al exilio, vía China. Es un camino marcado por la muerte. Yu Sang Yun sobrevivió: "Tuve que comer hierba, y corteza de árbol. Mi madre y mi hijo murieron de hambre".
Ahora, en la huida de refugiados a China, se ven frecuentes intentos de asalto a embajadas extranjeras ahí, para conseguir asilo. Esos intentos han sido inspirados en parte por un médico alemán, Norbert Vollertson.
"Tuve que ver a los niños a los que trataba, muriéndose de hambre. No hay alimentos, ni medicinas, ni médicos. No hay electricidad, ni agua corriente, ni jabón: no hay higiene. En el invierno, no hay calefacción. Y siempre falta comida", señala Norbert Vollertson.
"Les pregunté cuántes veces comían carne; y me dijeron que cinco o seis veces en un año", afirma Kathi Zellweger, representante de Cáritas.
Pero sí se ve algún cambio en Corea del Norte ahora, dice esta colaboradora de Cáritas. "Si comparo mi primera visita, en el 95, con la última de hace pocos días, desde luego veo muchos cambios."
Por ejemplo, algún intento de funcionar con sistema de mercado; y los esfuerzos de Kim Yong-il de poner fin al aislamiento diplomático. Lo que más frustración le ha producido fue que falló el deshielo con Washington, que se buscaba con los acuerdos negociados en los 90.
"Las relaciones iban a normalizarse, según se prometía en los Acuerdos. Lo fundamental para los líderes coreanos, es que su régimen pueda mantenerse. Ellos creen que la mayor amenaza a su régimen viene de la política norteamericana", señala Zellweger.
Por su parte, lo que a Washington le preocupa es que el régimen siempre ha vendido también a otros países, el armamento que ha desarrollado. Por ejemplo, se calcula que ha fabricado miles de toneladas de armas químicas.
"Una tonelada de armamento químico, lanzada sobre una ciudad, probablemente cubriría un kilómetro cuadrado o más, bajo condiciones adecuadas. Tener miles de toneladas disponibles es una cantidad exorbitada", señala Bruce Bennett, analista de Defensa Rand Corp.
"También podrían enviar agentes a otro país con alguna arma de ese tipo; las unidades de fuerzas especiales probablemente emplearían armas biológicas para eso", asegura Bennett.
La CIA dice que Corea del Norte podría disponer ya de una o dos bombas atómicas operativas. Otras fuentes aumentan esa cifra. "El espionaje ruso menciona una gran entrada de plutonio de contrabando, en torno al año 92. En ese caso, podrían tener, operativas, de 5 a 10 bombas nucleares, incluso más", dice Bennett.
Y hay una buena razón para preocuparse por el destino de esas armas nucleares: Corea del Norte ha desarrollado misiles de largo alcance. Uno, en vuelo de pruebas, cubrió la distancia hasta Japón para llegar al Océano Pacífico.
La pesadilla se completa con la posibilidad de que si Kim Yong-il ha construido bombas atómicas propias, puede haberlas vendido a otros. Corea del Norte no es una amenaza que se pueda tomar a la ligera.