CNN+. Han pasado 730 días desde que un martes a las nueve menos cuarto de la mañana el mundo se parara durante una hora y cuarto, mirando impactado sus televisores, escuchando aterrado sus radios o leyendo incrédulos páginas en Internet. El siglo XXI comenzaba en 11-S y no el 1 de enero. Una hora y cuarto después del primer impacto, a las diez de la mañana, cuatro de la tarde en España, se derrumbaba la primera torre, y con ella se derrumbaban ideas, paradigmas, creencias, actitudes y el mundo cambiaría para siempre. Hay quien aventuró que podía ser el inicio de la III Guerra Mundial.
Aquel 11-S asistimos a la primera declaración de guerra televisada, al alzamiento del hermano bastardo contra el padre del mundo.
El martes negro torpedeó nuestras retinas con miles de imágenes que perdurarán en nuestros cerebros para siempre. Llamas, polvo, humo, rostros desencajados. En EEUU, el alcalde la ciudad, Rudolph Giuliani, abanderó la unión de una ciudad horrorizada que había vivido ignorando al vecino y que ahora agradecía cada saludo.
Mientras, la imagen de George W. Bush, desafiante, aseguró que no iba a distinguir entre terroristas y quienes les apoyan, y avanzó la firme determinación de un pueblo vulnerado, dolido, que exigía al mundo ponerse de un bando o del otro.
Y así, con imágenes de llantos y escombros, el mundo se posicionó.
Dos años después del 11-S el mundo sigue sufriendo sus efectos. La economía avanza renqueante y no lograr remontar el vuelo; el turismo ha decrecido; la psicosis por la seguridad amenaza nuestras libertades; un injusto odio a la comunidad musulmana se ha enraizado en la sociedad occidental...
Aquel martes anocheció en Manhattan, envuelta en un humo denso, y al día siguiente comenzaría una guerra, en nombre de la lucha antiterrorista, que devastó Afganistán al tiempo que libraba al país del represor régimen de los talibanes.