Es un islote de apenas 1,5 kilómetros cuadrados con muy poca riqueza
floral y animal y completamente deshabitado. Pero tiene un gran interés
estratégico. El conflicto por el islote de Perejil, que ha durado diez
días, ha sido el último eslabón de una larga cadena de
desencuentros y desavenencias entre dos hermanos, España y Marruecos,
condenados a llevarse bien.
CNN+. Las relaciones entre España y el Reino Alauí no
atraviesan buenos momentos, pero no lo hacen desde hace algún tiempo,
con tensiones que navegan sin rumbo por aguas pesqueras, nuevas actitudes
del Ejecutivo español ante los inmigrantes que no dejan de llegar
a la Península y declaraciones desafortunadas a uno y otro lado del Estrecho.
El último capítulo lo ha protagonizado el islote Perejil,
a 40 kilómetros de España, 10 de Ceuta y apenas 200 metros de
la costa marroquí.
El 11 de julio, un día después de que Aznar modificara su Gobierno,
y en medio de la exaltación de unos festejos reales -la boda del Rey
Mohamed VI-, Rabat decide enviar a seis gendarmes para ocupar un islote cuya
soberanía discuten los dos países.
España inicia el cauce diplomático con Marruecos para
devolver el ya famoso 'statu quo' al islote y piden la retirada de los
militares alauitas para empezar a negociar. La recién estrenada ministra
de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, se enfrenta a su primer contencioso
con el rebelde hermano de España.
Un semana de tensión y España decide recuperar Perejil. Envía
un cuerpo de élite para capturar a los gendarmes marroquíes y
coloca la bandera española en la roca. El acto enerva a Marruecos, que
cierra los pasos fronterizos y califica la acción de "agresión
fragrante" y de "declaración de guerra".
Desde el exterior, EEUU trata de mediar para lograr un acuerdo y la OTAN
y la Unión Europea se posicionan a favor de España pero
le piden precaución y mano derecha en sus negociaciones.
El ministro de Esteriores marroquí, Mohamed Benaissa, dice a
CNN+ que la ocupación española ha sido "una sorpresa cuando
ya habíamos cerrado un acuerdo" y asegura que "no hablarán
mientras España no se vaya de Perejil".
Rabat pide una isla vacía como condición para seguir negociando,
algo a lo que la ministra Palacio responde diciendo que "nos retiraremos
cuando garanticen la vuelta al 'statu quo'".
El presidente Aznar, consciente de la necesidad de apaciguar los ánimos,
insta al diálogo para volver a la situación anterior al 11 de
julio y disipar "tensiones innecesarias".
El cauce diplomático no ve la luz hasta que entra en juego EEUU. La
mediación de aquel país, a través de su secretario de Estado,
Colin Powell, que se entrevista con ambas partes implicadas, da sus frutos el sábado
20 de julio, nueve días después de que Rabat decidiera ocupar
el peñasco.
España y Marruecos llegan a un acuerdo para volver al 'statu quo'
del islote y los legionarios españoles que se habían apostado
en Perejil abandonan la isla ese mismo sábado y en menos de 90
minutos.
Palacio y Benaissa se reúnen en Rabat para plasmar por escrito
el entendimiento y de paso, tratar temas comunes y anallizar la situación
diplomátcia pasada, presente y futura de dos los países.
Perejil vuelve a quedarse solo, vacío, como punto estratégico
de narcotraficantes e inmigrantes ilegales en alguna zona del Estrecho
de Gibraltar.