El periodista africano Sorius Samura vuelve a su país para seguir a
tres niños que fueron arrebatados de sus familias por el Frente de Unión
Revolucionaria (RUF) para luchar en sus filas durante la guerra civil. Un acuerdo
de paz ha establecido que los niños soldados regresen con sus familias.
Ya lo han hecho unos 7.000, aunque un número desconocido de ellos todavía
permanecen lejos de sus hogares.
CNN. En un reportaje titulado "Llora, Freetown", por
el que Samura ha recibido un premio, el periodista africano ha documentado el
sufrimiento terrible que una brutal guerra civil ha infligido sobre su
tierra Sierra Leona.
Parte del horror de esta guerra es el hecho de que los niños han sido
tanto víctimas como culpables. Miles de niños fueron capturados
por el grupo rebelde, Frente de Unión Revolucionaria (RUF), maltratados
y convertidos en máquinas eficientes de matar. En algunos casos,
los rebeldes obligaron a los niños a comer pólvora.
Tres niños, tres historias
Sasko Simbo tenía 15 años cuando fue secuestrado por el
RUF y obligado a luchar. Su padre, antiguo soldado del Gobierno, también
fue capturado y obligado a luchar con el RUF, aunque luego escapó y se
unió al ejército de Sierra Leona.
Tamba Fengai fue raptado a la edad de 8 años junto con su hermano
mayor y su madre, que han fallecido. También a él le obligaron
a combatir con el RUF.
Mariama Conteh fue capturada por el RUF cuando tenía 7 años
para convertirla en una esclava doméstica y cuidar de los soldados
del RUF. A pesar de las dificultades, el RUF es la única familia que
ella ha conocido durante muchos años, y por ello le resulta más
difícil dejarlo de lo que algunos pueden pensar, y se muestra reticente
a regresar con su familia. Samura dice que el RUF tiene una atracción
magnética para muchos niños secuestrados.
Un padre soldado y su hijo soldado
Los tres niños son conducidos a un centro de cuidados del Gobierno
en Port Loko, donde recibirán asistencia mientras los investigadores
tratan de localizar a sus padres. Los voluntarios y Samura intentan encontrar
al padre de Sasko. Cuando le llevan a ver a su padre, Sasko piensa que
Samura le va a devolver al ejército de Sierra Leona, que era su enemigo
implacable hace sólo unos meses. Pero cuando ve a su padre, Sasko
se lanza a sus brazos y solloza de alegría.
Una vez que Sasko ya se ha reunido con su padre, Samura lleva a Tamba y a Mariama
a Freetown para que se queden con la Mani, la esposa de un jefe de Kono, el
área de Sierra Leona de donde fueron secuestrados ambos chicos. Ella
ha abierto las puertas de su casa a muchos niños de esa zona mientras
tratan de encontrar a sus familias.
Samura visita su antiguo instituto en Freetown. Allí se unió
a un movimiento de protesta cuando el Gobierno eliminó la educación
libre. El movimiento fue secuestrado por el ex capitán del ejército
de Sierra Leona, Foday Sankoh, que lo empleó para formar la base del
RUF, que comenzó a conducir al país hacia la anarquía.
Samura también visita a uno de sus antiguos profesores, que recuerda
cuándo las cosas comenzaron a tomar un mal cariz en Sierra Leona.
Una reunión tensa
Kono, que se encuentra todavía bajo el control del RUF, es una de las
áreas de Sierra Leona que posee minas de diamantes. Al principio,
el RUF vendía los diamantes que encontraban para financiar la guerra,
y algunos de los diamantes acabaron en las mejores joyerías de América
y de Europa. Ahora, algunos comandantes obligan a los mineros a cavar para su
riqueza personal.
De camino a Kono, Tamba y Samura visitan un pueblo en el que Tamba luchó
en las filas del RUF contra las fuerzas fuerzas locales. El niño, con
lágrimas en los ojos, relata a Samura cómo ayudó a quemar
a miembros de las fuerzas locales y dice: "Que Dios me perdone".
Echa de menos a sus amigos del RUF y la reunión con su familia es tensa.
El esfuerzo por recuperarse
En 1999, Foday Sankoh regresó a Freetown no como líder
rebelde sino como oficial del Gobierno a cargo de las minas y recursos.
En las conferencias de paz, el éxito militar del RUF facilitó
que él y otros cuatro oficiales del RUF accedieran a puestos en el Gobierno.
Sin embargo, en mayo de 2000, los guardaespaldas de Sankoh abrieron
fuego contra una manifestación y mataron a 15 manifestantes. Sankoh
fue arrestado dos semanas después y ahora se encuentra en prisión.
Sólo altos cargos del Gobierno saben dónde se encuentra.
Se ha negociado un frágil acuerdo de paz para Sierra Leona y
la gente trata de recuperarse lo mejor que pueden, a pesar de los recuerdos
de la muerte, de las amputaciones y del secuestro de sus hijos. La recuperación
de Mariama, que se ha reunido con su madre, que tiene un puesto en un mercado
de Freetown, no es muy clara.
Adaptándose a nuevas vidas
Samura concede a Sasko, Tamba y Mariama algo de tiempo antes de visitarles
para ver qué tal les va. Sasko está aprendiendo a ser
albañil. Él y su padre se sirven de sus experiencias para
apoyarse mutuamente.
Después de una breve estancia en Kono, Tamba y su padre tomaron
la difícil decisión de permitirle regresar a Freetown para vivir
con Mani y asistir al colegio, dado que las escuelas de Kono han sido
destruidas.
Cuando Samura visita a Mariama, la encuentra todavía reservada
y distante, y se pregunta si fue buena idea haberla separado de los rebeldes,
con quienes había pasado la mayor parte de su vida.
"¿Habrá paz en Sierra Leona?", se pregunta Samura.
"Sólo si nos libramos de la sombra de todo este mal. Hay
muchos niños traumatizados intentado vivir una vida normal. Nuestro futuro
depende de ellos".