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Manifestación Barcelona: El carnaval de las protestas y los inevitables violentos
Cientos de miles de personas (hasta 250.000 según la policía) han recorrido las calles de Barcelona este sábado por la tarde en un auténtico carnaval de pancartas, lemas y consignas. La Campaña contra la Europa del Capital ha conseguido reunir a miles de manifestantes de los grupos anticapitalistas, a los que se han unido partidos y sindicatos nacionalistas y un Foro Social de partidos de izquierda y sindicatos. Un éxito de convocatoria pacífico que se ha visto ensombrecido por incidentes con algunos violentos que han provocado una carga policial tras la lectura del manifiesto, en la Plaza Colón. Focos aislados mantuvieron enfrentamientos con la policía hasta la madrugada: el balance es de 62 detenidos.

Carnaval de protestas
De la fiesta a la batalla en segundos
Final truncado
Detenidos y heridos: balance
Hasta el partido
Concierto y conclusión

Eva Catalán, enviada especial. Barcelona. Patrick no había visto nada igual en su vida. Subido a un andamio en la plaza del Angel ha podido ver cómo durante dos horas largas decenas de miles de manifestantes han bajado por la vía Laietana en la manifestación anticapitalista convocada por la Campaña contra la Europa del Capital, la plataforma catalana contra la Europa del Capital y el Foro Social.

Junto a un grupo de amigos con la tradicional falda escocesa han venido a Barcelona a celebrar una despedida de soltero, y se han encontrado con una multitudinaria y colorida marcha antiglobalización. Al principio, asegura entusiasmado sentirse identificado: "Como escocés, yo también soy nacionalista".

Pero las pancartas contra EEUU y el euro le han gustado menos: "No entiendo eso de USA asesina". Al cabo de un rato, entre las risas de sus colegas, que se levantan la falda mientras los manifestantes los vitorean, reflexiona: "Bueno, yo trabajo en Shell. Espero que no se enteren, me lincharían".

Patrick, testigo de la manifestación.

Carnaval de protestas

Toda Barcelona parecía estar en la manifestación, participando o como testigos. Una fiesta pacífica, con música y tambores, y las pancartas más variadas. Entre los lemas, la abrumadora mayoría en catalán, se podía leer de todo: "Paz infinita", "Cabrones", "Stop ecocidio", carteles de apoyo a Palestina, a Afganistán, contra las minas antipersona, contra el plan hidrológico nacional, por la revolución divertida, contra la Europa enmurallada, contra la deuda externa, contra la Europa "de coña", contra los transgénicos, pancartas feministas, ecologistas; "No a la UE: Europa unida y socialista", "Berlusconi, asesino" [en referencia a la muerte de un manifestante antiglobalización en Génova el verano pasado].

Entre las banderas, la CGT, Els Verds, Attac, señeras, ikurriñas, hasta varias tibetanas, y la que más ha sorprendido a Patrick, la de la hoz y el martillo: "¿Todavía tenéis comunistas en España?". Resumiendo: "No queremos una Europa gris, la queremos de colores", como decía otra de las pancartas.

De la fiesta a la batalla en segundos

Un auténtico carnaval de consignas, dibujos, organizaciones, que hacia las ocho de la tarde y en cuestión de segundos cambiaba completamente. Carreras y dispersiones. Los policías, un grupo pequeño, de cinco, que presenciaban la manifestación en la plaza, se ponen los cascos y se preparan con los escudos, que hasta entonces no habían tocado.

Escenas de pánico entre la gente que observaba divertida la marcha, una decena de encapuchados corriendo calle abajo, y, a los pocos minutos, de nuevo la calma, la llegada del segundo bloque de la manifestación, mucho menos numeroso, del foro social, y detrás el nacionalista. El café en los bajos del edificio andamiado, que no había llegado a cerrar, continuaba atendiendo.

A la vuelta de la esquina, cajeros destrozados y toda una oficina del Banesto arrasada, ordenadores por los suelos, sillas volcadas. Algunos manifestantes nacionalistas que pasaban en ese momento vitoreaban los destrozos, entre consignas de "Gora gora gora, comando Barcelona".

Final truncado

Detrás, todavía quedaban grupos antiglobalización que cerraban la marcha, cuyo fin, hacia las nueve de la noche en la Plaza de Colón, tampoco se ha librado de los incidentes. Según bajaban, bares y restaurantes volvían a abrir sus cierres.

Los violentos han continuado su camino hasta la plaza de Colón, donde los cientos de miles de anticapitalistas escuchaban el manifiesto de clausura de la marcha. Un ataque contra la sede de la Gobernación ha provocado una carga final, con la consiguiente desbandada de los manifestantes y sin que la fiesta haya podido terminar con calma.

La policía, que a lo largo de las casi tres horas de manifestación ha permanecido más o menos discretamente en las calles laterales, ha puesto en marcha todo el dispositivo antidisturbios y durante al menos dos horas después de la manifestación se mantenían los enfrentamientos y las cargas a lo largo de la Rambla y el Barrio Gótico.

Detenidos y heridos: balance

Según los datos de la policía a primera hora del domingo, los enfrentamientos continuaron en focos aislados hasta las dos de la madrugada. Un total de 62 detenidos (de ellos dos menores y trece extranjeros, 4 de Italia, 5 de Francia, 3 de Gran Bretaña, 1 de Holanda, Ecuador, Alemania, Bélgica, Angola, Estonia y Suecia), que unidos a los 36 del viernes hacen 98, algunos de los cuales están pasando a disposición judicial.

Diez heridos entre los manifestantes, uno el viernes y el resto durante los disturbios de la manifestación del sábado, y 17 entre los policías, uno de los cuales ha recibido puntos en la cara y otro tiene un codo roto.

Los daños materiales todavía no se pueden cuantificar. Lunas rotas en la zona de la Via Laietana y la Rambla, y sobre todo de sedes de bancos, inmobiliarias o edificios oficiales. La policía se ha incautado también de bates de béisbol, barras de hierro y otros objetos de lucha urbana.

Hasta el partido

La protesta anticapitalista ha hecho también acto de presencia en el partido de fútbol Madrid-Barça que se celebraba en el Camp Nou al mismo tiempo. Apenas dos minutos comenzado, dos activistas se encadenaban a una de las porterías con pancartas contra la Europa del Capital. Para no ser menos, hacia el final del segundo tiempo, otros dos activistas por los presos etarras conseguían también entrar en el campo.

Concierto y conclusión

Los más resistentes, unos 20.000 jóvenes, terminaron la jornada con una cita concierto en la explanada del Bache del Mediodía, en una de las laderas del Mont Juic. Allí, ante un gigantesco escenario, los manifestantes comentaban cómo había ido la marcha a la espera de que el gran gurú antisistema, Manu Chao, les endulzara el final de la fiesta.

"Dilo en castellano, que no te entendemos", gritaba a quienes desde el escenario todavía intentaban una última baza de protesta contra el Plan Hidrológico Nacional. Era un estudiante vasco de Psicología en la Universidad de Barcelona, que insistía: "Me cagüen... como sigan en ese plan me pongo a gritarles en euskera, a ver qué pasa". La jornada antiglobalización es exhaustiva. El flamenco de Enrique Morente quizá le reconfortara.

Aún aguantaban en pie una ikurriña y una señera, pero la mayoría de los jóvenes esperaban sólo un poco de música marchosa, para lo que tuvieron que esperar a altas horas de la madrugada. "Yo estoy muy contento. La verdad es que vine sin saber muy bien qué esperar, con estas cosas no se sabe, pero la manifestación ha estado guapísima", comentaba Pablo, de Madrid. El termómetro del "buen rollo" señalaba alto.

"A veces no sabíamos muy bien detrás de qué pancarta íbamos caminando, pero en realidad, daba igual, porque cualquiera nos servía. Con los inmigrantes, pues con los inmigrantes", añadía. "Ya somos muy mayorcitos para estar contra la globalización", explicaba Bárbara, de Madrid. "No estamos contra Europa, pero sí contra la Eurooa de los Estados, de las multinacionales...".

En cuanto a la carga policial, algunos esperaban que los medios no se hicieran demaisado eco, otros no dudaban en echar la culpa a la policía por "provocar" con sus cascos y sus porras antidisturbios. Muchos, que era algo inevitable en este tipo de manifestaciones abiertas y autogestionadas.

La Cumbre Europea de Barcelona, al parecer, ha sido un éxito. Aznar ha felicitado a las fuerzas de seguridad, los mandatarios europeos se han ido contentos a sus casas. ¿Quizá no lo suficientemente conscientes de que cientos de miles de personas han protestado pacíficamente contra todo lo que representan?